¿Está el ODSwashing usándose cada vez más para hacer branding o realmente se están tomando medidas para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible?

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ODSwashing: 4 cuestiones que generan debate

¿Está el ODSwashing usándose cada vez más para hacer branding o realmente se están tomando medidas para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible? La Agenda 2030, primera en la lista de los objetivos de RSC en muchas entidades y empresas, está en boca de todos y aparece en casi todas las acciones con trasfondo solidario y/o ecofriendly. ¿Es moralmente cuestionable o es preferible a no hacer nada?

Los ODS: el detonante del ODSwashing

Tal y como indica el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo: “Los Objetivos de Desarrollo Sostenible, también conocidos como Objetivos Mundiales, se adoptaron por todos los Estados Miembros en 2015 como un llamado universal para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad para 2030”.

En total son 17 metas a alcanzar, tanto por los gobiernos, como por el sector privado y la sociedad civil. Es decir, ¡esto también te incumbe a ti! Sobre todo, poder sumar tu granito de arena con aquellos objetivos que tienen que ver con el reciclaje, el consumo responsable y la reducción de las desigualdades, incluyendo la de género. Como dijo John F. Kennedy: “No preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país”.

Como en todo, siempre existe la picaresca. A raíz de este nuevo intento de la humanidad por no cargarse la Tierra sin remedio, el ODSwashing ha nacido como fin publicitario encubierto de buena praxis y de lucha por la sostenibilidad.

¿Qué es el ODSwashing?

Es la versión 2.0 del greenwashing (lavado verde). Empieza a ser evidente que, más allá de su propósito real, se esconde una utilidad propagandística que está muy lejos del verdadero compromiso por no llegar al punto de no retorno al que estamos acercándonos peligrosamente.

Subirse a la ola de la Agenda 2030 está a la orden del día, algo muy positivo. Sin embargo, en algunos casos, más que un fin parece más un medio para dar buena imagen, aunque realmente, en la práctica, haya poco o nulo interés por cambiar nada.

¿Hay realmente un compromiso real o todo esto de las ODS no es más que un tocomocho?

ODSwashing: muchas preguntas en un debate actual

El debate sobre el ODSwashing ya está servido. Estas son algunas de las cuestiones que destacamos y para las que aún se está buscando una respuesta:

  • ¿Qué compensa más? ¿Que se haga algo, aunque sea promovido con una finalidad encubierta de autobombo o que se ponga freno a las acciones de falso compromiso con los ODS?
  • ¿Realmente son medidas las acciones por conseguir los objetivos ODS o simplemente se usan “etiquetas” a cosas que antes ya hacíamos, sin medir el impacto real en positivo que se consigue con cada una de ellas?
  • ¿Dónde está el límite para decir que una iniciativa cumple verdaderamente con ese objetivo por el que ha sido creada?
  • ¿Quién verifica a nivel empresarial que ese compromiso que se defiende se está cumpliendo al 100% y no esconde letra pequeña?

ODSwashing vs buenas praxis

Para ejemplificar algunas de estas dudas sobre ciertas acciones que pueden llegar a ser más un lavado de imagen comercial que una acción real por mejorar el futuro común, pongamos un caso imaginario.

Pensemos en una gran compañía energética que abogue por la sostenibilidad y que ofrezca energía 100% a sus clientes. Sin embargo, se da el caso de que la gran mayoría de sus trabajadores van a sus oficinas en vehículos contaminantes o no disponen de alternativas de transporte porque la entidad no hace nada por ayudar a predicar con el ejemplo desde casa.

Si bien es cierto que se seguirán dado casos de malas praxis y de acciones enfocadas a subirse a la moda del compromiso por la Agenda 2030, siempre será más positivo que haya, a la menos, un interés por sumar y no de restar.

Lo importante es recordar que los ODS no tratan de conseguir un «donativo» momentáneo que parchee, sino un cambio real con una acción directa en nuestro modelo de consumo y de desarrollo.

En resumidas cuentas: el compromiso por los ODS desde tu empresa o entidad debería tener una base ética. Porque la RSE sin ética… ¡es cosmética!